Miguel Servet y la libertad de conciencia

Un gran número de científicos (a todos nos viene a la mente la figura de Galileo) fueron considerados en su tiempo como heterodoxos. Heterodoxia significa defender que hay “otras” maneras de explicar las cosas. Que la tradición, la ortodoxia, no significa “la verdad para siempre”. En estos días del año 2011 los científicos celebramos los 500 años del nacimiento de Miguel Servet, el gran heterodoxo. Nacido en Villanueva de Sigena (Huesca), tuvo una vida agitada. Fue un rebelde contra el pensamiento establecido o impuesto.

Nació el 29 de septiembre de 1511 y falleció quemado en la hoguera en Ginebra en 1553 con 42 años. Estudió medicina pero sus inquietudes intelectuales iban mucho más lejos. Era un radical. Si desde el inicio de la ciencia cristiana, los estudiosos tuvieron que recurrir a conceptos filosóficos para intentar formular y expresar los contenidos de la fe, Miguel Servet quiso purificar las expresiones teológicas desposeyéndolas de lenguaje griego. Servet buscaba la verdad oculta en los lenguajes farragosos de los estudiosos.

Dos facetas de su personalidad son las más destacadas: las de teólogo y científico. Los intereses intelectuales y apasionados de Servet abarcaron muchas ciencias: astronomía, meteorología, geografía, jurisprudencia, teología y el estudio de la Biblia, matemáticas, anatomía y medicina. En todos estos campos, su mente lúcida quiso separar la palabrería (que siempre es necesaria) del núcleo de las verdades ocultas. Parte de su fama posterior se debe a su trabajo sobre la circulación pulmonar descrita en su obra Christianismi Restitutio (La Restitución del Cristianismo).Repudiado tanto por los católicos como por los protestantes fue arrestado en Ginebra, sometido a juicio y condenado a morir en la hoguera por orden del Consejo de la ciudad, cuando en ella predominaba la influencia de Juan Calvino.

Servet ha pasado a la historia de la ciencia por haber descrito la circulación menor de la Sangre. Sostenía que el alma era una emanación de la Divinidad y que tenía como sede a la sangre. Gracias a la sangre, el alma podía estar diseminada por todo el cuerpo, pudiendo asumir así el hombre su condición divina. Según Servet, la sangre es transmitida por la arteria pulmonar a la vena pulmonar por un paso prolongado a través de los pulmones, en cuyo curso se torna de color rojo y se libera de los vapores fuliginosos por el acto de la espiración.

Christianismi Restitutio fue publicado anónimamente a principios de 1553, de nuevo con gran escándalo. Las sospechas caen sobre este español heterodoxo y libre. La Inquisición de Lyon recibe parte de la correspondencia intercambiada entre Calvino y Servet, tras lo cual Servet es detenido, interrogado y encarcelado en Vienne. El 7 de abril de ese año, 1553, sin embargo, logra evadirse y el 17 de junio es sentenciado a muerte in absentia, siendo quemado en efigie. Pero de nuevo es capturado y llevado a la hoguera.

Independientemente de la importancia de sus descubrimientos fisiológicos o de su labor como polemista religioso, los sucesos que acarrearon el juicio y muerte de Miguel Servet se han considerado como punto de arranque de la discusión que condujo al reconocimiento de la libertad de pensamiento y de expresión de las ideas. Asimismo, las Iglesias Unitarias, surgidas de los movimientos antitrinitarios del siglo XVI y posteriores, consideran a Servet su pionero y primer mártir.

La ejecución de Servet escandalizó a muchos pensadores de toda Europa, principalmente en el ámbito protestante, que se oponían a que se matara a las personas por razones de fe. Destaca particularmente la defensa de Servet que realizó Sebastián Castellion: «Matar a un hombre no es defender una doctrina, es matar a un hombre. Cuando los ginebrinos ejecutaron a Servet, no defendieron una doctrina, mataron a un hombre.»

Marian Hillar, estudioso polaco-norteamericano de la obra de Servet, hizo la siguiente evaluación sobre el impacto perdurable que tuvo la ejecución del erudito español: «Fue el punto de inflexión en la ideología y mentalidad dominantes desde el siglo IV. […] Históricamente hablando, Servet murió para que la libertad de conciencia se convirtiera en un derecho civil en la sociedad moderna»

 

Leandro Sequeiros/ Asociación Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica

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