HOAXES

Todas las semanas recibo algún correo electrónico encadenado. Los hay que informan de terribles amenazas víricas para nuestros PCs o de  trasplantes infantiles perentorios. Se denominan hoaxes. Hace pocas semanas recibí uno por dos vías distintas. Era una poesía satírica sobre la pereza  de un diputado a la hora  de ir al Congreso, atribuida a Fray Junípero Serra (1713-1784),  franciscano evangelizador de las Américas durante el siglo XVIII. El correo terminaba con un lacónico “piensen que fue escrito en 1700 y valoren su vigencia”. Era una forma sutil de sugerirnos que, desde el principio, los parlamentarios han sido un “atajo de vagos e impresentables”. La duda me asaltó al instante, ya que  no parecía  un lenguaje del dieciocho. Además, usaba  la palabra estrés, que  no había sido acuñada aún (lo que no significa que no lo sintieran los atribulados hombres y mujeres de aquella época) y, lo que era más importante, este fraile no llegó a conocer  las Cortes Generales, dado que las primeras datan de 1810. Investigué en la web y al momento hallé la respuesta: El  autor de los versos envenenados era un colaborador de  la derecha mediática, un tal José Aguilar Jurado, alias Fray Josepho de la Tarima. Los había recitado en un programa de radio que también pude escuchar (ahora llaman podcasts a estos archivos).

¿Cómo surgen este tipo de mensajes y porqué se extienden por la red de esta manera? No tengo una respuesta general a la primera parte de la pregunta, aunque sí creo tener elementos de juicio para aproximarme a la segunda. Y lo haré,  por “deformación profesional”,  ilustrándolo con dos correos relacionados con la Ciencia. El primero lo recibí en 2009. En resumen, el texto venía a decir  que el 27 de Agosto, a medianoche, el planeta Marte sería la estrella más brillante en el Cielo, tan grande como la Luna llena y que el suceso no se volvería  a repetir hasta el año 2287. Además desvelaba una explicación científica del hecho y las orientaciones para realizar esta asombrosa observación.

Al parecer, el engaño nació en el año 2003, cuando Marte alcanzó su máxima aproximación a nuestro planeta, situándose a unos 55 millones de km. Desde entonces circula por internet, repitiéndose a finales de agosto, a pesar de que con unos mínimos conocimientos  astronómicos cualquiera desmontaría esta leyenda urbana. Demos unas cuantas cifras: Marte  mide unos 6700 km de diámetro y, como hemos dicho, se encuentra a más de 55 millones de km (distancia mínima). Se observa en el cielo como una “estrella” de color rojizo que no titila,  con una magnitud máxima de -2,8 (cuanto más negativo sea este valor, mejor se ve el astro). La Luna mide 3476 km (la mitad que Marte) y se encuentra a una distancia media de 384.000 km. Su magnitud aparente en plenilunio es de -12,6. Ahora piense el lector  si una bola el doble de grande que  la Luna puede verse igual que nuestro satélite, si está 140 veces más lejos. ¡Claro que podría suceder si… Marte se acercase a la Tierra  hasta los 770.000 km (el doble de la distancia a la que se encuentra la Luna)! Si es así,  reflexionemos entonces sobre la posibilidad de acercarse y alejarse  en unas pocas horas  y en las consecuencias de semejante aproximación, debido a su influjo gravitatorio: Mareas gigantes, desvío de órbitas, colisiones planetarias, etc.

Me interesan también los hoaxes referidos a la salud. Recuerdo uno más antiguo sobre tampones. Se presentaba en forma de powerpoint. Dicho mensaje advertía que muchos fabricantes ponen asbesto para producir más sangrado y aumentar así las ventas. El falso mensaje también se refería a otros dos componentes, el rayón y la dioxina, considerados carcinógenos igualmente. El mensaje finalizaba con una recomendación para usar tampones hechos 100% de algodón. Consultando la web  supe que los tampones no contienen asbesto, que el rayón deriva de la celulosa y que, aunque las dioxinas se consideran perjudiciales para la salud, su presencia en los tampones (de algodón o de rayón, da igual)  es despreciable, muy inferior a la que proporciona la dieta.  ¿Fue un montaje de los fabricantes de tampones más “naturales”?  No lo sé.

¿Por qué siguen transmitiéndose estos mensajes si no tienen fundamento? Creo que la respuesta es muy sencilla y, a la vez, desoladora. La irrupción en internet de estos contenidos pseudocientíficos facilita su  multiplicación como patrañas en millones de cerebros interconectados, porque  sus usuarios no están protegidos por dos de los “anticuerpos” fundamentales para moverse por el mundo y vivir en sociedad: La cultura científica y el espíritu crítico. Y así nos va.

 

Casimiro Jesús Barbado López/ Asociación Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica

Miguel Servet y la libertad de conciencia

Un gran número de científicos (a todos nos viene a la mente la figura de Galileo) fueron considerados en su tiempo como heterodoxos. Heterodoxia significa defender que hay “otras” maneras de explicar las cosas. Que la tradición, la ortodoxia, no significa “la verdad para siempre”. En estos días del año 2011 los científicos celebramos los 500 años del nacimiento de Miguel Servet, el gran heterodoxo. Nacido en Villanueva de Sigena (Huesca), tuvo una vida agitada. Fue un rebelde contra el pensamiento establecido o impuesto.

Nació el 29 de septiembre de 1511 y falleció quemado en la hoguera en Ginebra en 1553 con 42 años. Estudió medicina pero sus inquietudes intelectuales iban mucho más lejos. Era un radical. Si desde el inicio de la ciencia cristiana, los estudiosos tuvieron que recurrir a conceptos filosóficos para intentar formular y expresar los contenidos de la fe, Miguel Servet quiso purificar las expresiones teológicas desposeyéndolas de lenguaje griego. Servet buscaba la verdad oculta en los lenguajes farragosos de los estudiosos.

Dos facetas de su personalidad son las más destacadas: las de teólogo y científico. Los intereses intelectuales y apasionados de Servet abarcaron muchas ciencias: astronomía, meteorología, geografía, jurisprudencia, teología y el estudio de la Biblia, matemáticas, anatomía y medicina. En todos estos campos, su mente lúcida quiso separar la palabrería (que siempre es necesaria) del núcleo de las verdades ocultas. Parte de su fama posterior se debe a su trabajo sobre la circulación pulmonar descrita en su obra Christianismi Restitutio (La Restitución del Cristianismo).Repudiado tanto por los católicos como por los protestantes fue arrestado en Ginebra, sometido a juicio y condenado a morir en la hoguera por orden del Consejo de la ciudad, cuando en ella predominaba la influencia de Juan Calvino.

Servet ha pasado a la historia de la ciencia por haber descrito la circulación menor de la Sangre. Sostenía que el alma era una emanación de la Divinidad y que tenía como sede a la sangre. Gracias a la sangre, el alma podía estar diseminada por todo el cuerpo, pudiendo asumir así el hombre su condición divina. Según Servet, la sangre es transmitida por la arteria pulmonar a la vena pulmonar por un paso prolongado a través de los pulmones, en cuyo curso se torna de color rojo y se libera de los vapores fuliginosos por el acto de la espiración.

Christianismi Restitutio fue publicado anónimamente a principios de 1553, de nuevo con gran escándalo. Las sospechas caen sobre este español heterodoxo y libre. La Inquisición de Lyon recibe parte de la correspondencia intercambiada entre Calvino y Servet, tras lo cual Servet es detenido, interrogado y encarcelado en Vienne. El 7 de abril de ese año, 1553, sin embargo, logra evadirse y el 17 de junio es sentenciado a muerte in absentia, siendo quemado en efigie. Pero de nuevo es capturado y llevado a la hoguera.

Independientemente de la importancia de sus descubrimientos fisiológicos o de su labor como polemista religioso, los sucesos que acarrearon el juicio y muerte de Miguel Servet se han considerado como punto de arranque de la discusión que condujo al reconocimiento de la libertad de pensamiento y de expresión de las ideas. Asimismo, las Iglesias Unitarias, surgidas de los movimientos antitrinitarios del siglo XVI y posteriores, consideran a Servet su pionero y primer mártir.

La ejecución de Servet escandalizó a muchos pensadores de toda Europa, principalmente en el ámbito protestante, que se oponían a que se matara a las personas por razones de fe. Destaca particularmente la defensa de Servet que realizó Sebastián Castellion: «Matar a un hombre no es defender una doctrina, es matar a un hombre. Cuando los ginebrinos ejecutaron a Servet, no defendieron una doctrina, mataron a un hombre.»

Marian Hillar, estudioso polaco-norteamericano de la obra de Servet, hizo la siguiente evaluación sobre el impacto perdurable que tuvo la ejecución del erudito español: «Fue el punto de inflexión en la ideología y mentalidad dominantes desde el siglo IV. […] Históricamente hablando, Servet murió para que la libertad de conciencia se convirtiera en un derecho civil en la sociedad moderna»

 

Leandro Sequeiros/ Asociación Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica

MATAD A SPARROW

“(…) mientras este planeta ha ido girando según la constante ley de la gravitación, se han desarrollado y se están desarrollando, a partir de un comienzo tan sencillo, infinidad de formas cada vez más bellas y maravillosas”. Así termina El Origen de las Especies de Charles Darwin. Pero desde el siglo XIX la desaparición de especies y de hábitats se ha acelerado tanto que ya se habla de una extinción masiva comparable a las ocurridas en el Pérmico, el Triásico o el Cretácico. La situación es tan crítica que las Naciones Unidas declararon 2010 como Año Internacional de la Diversidad Biológica, celebrándose el mes de Octubre pasado en Nagoya (Japón) la Conferencia sobre Biodiversidad de Naciones Unidas.

El año ha pasado sin pena ni gloria mediática y podemos hablar de un fracaso en los grandes objetivos marcados ya que las especies naturales están aún más amenazadas y los ecosistemas continúan degradándose. La propia Unión Europea lo reconoce sin tapujos. Y el resto calla y otorga. En realidad parece que tenemos cosas más serias en las que ocuparnos.

¿Por qué esta pérdida de biodiversidad? Las causas primeras son las de siempre: sobreexplotación, pérdida de hábitats, cambio climático y contaminación. Además, este año se añade la crisis económica sistémica. Dentro de un sistema de capitalismo financiero, la conservación de la biodiversidad es un factor externo a los intereses monetarios y por tanto no ocupa un lugar prioritario en las agendas políticas. Los ciudadanos perciben la protección del medio dentro de la falaz dialéctica “hombre frente a naturaleza” como si el ser humano y sus intereses no estuvieran unidos a la urdimbre de la Vida. Para complicar las cosas, hay un alejamiento de los conocimientos científicos y de la racionalidad sustituyéndolas por posturas emocionales o dirigidas ideológicamente. La irracionalidad arrasa con el planeta. Sufrimos la beatería ambiental, la hipocresía y la propaganda que usa de especies señuelo, en las que se gastan auténticas fortunas, para disimular las actuaciones que destruyen poblaciones sanas de organismos menos fotogénicos. El conocimiento real de la Naturaleza se sustituye por documentales, galardonadas películas o visitas a los parques temáticos, acuarios, zoológicos y jardines botánicos. Los naturalistas o se criminalizan o se convierten en turistas de naturaleza a los que explotar. Así no es difícil imaginar que algunas de las actuaciones de nuestros gobernantes dejen mucho que desear en materia de protección de la diversidad biológica.

Un ejemplo de esta irresponsabilidad en la gestión de la biodiversidad es el declive de las poblaciones de gorriones comunes (Passer domesticus) en las grandes ciudades del mundo desarrollado. De hecho esta especie tan común, que nos acompaña desde el Neolítico, casi ha desaparecido de grandes ciudades como París, Londres y Praga. En España la situación de la especie es preocupante en Madrid y Barcelona, donde su número ha descendido bruscamente en la última década. Paradójicamente el gobierno foral de Navarra (Orden Foral 351/2010) ha decidido permitir la captura y eliminación de los gorriones a los que consideran una plaga. Estos sinsentidos alejan la solución y empeoran el problema.

A pesar de ello y en palabras de Edward O. Wilson, padre del término Biodiversidad: “Con el fin de salir del atolladero, se necesita con urgencia una ética global de la Tierra. No una ética cualquiera, que puede gozar quizá de un sentimiento complaciente, sino una ética basada en la mejor comprensión de nosotros mismos y del mundo que nos rodea que la ciencia y la tecnología puedan proporcionar. Es indudable que el resto de la vida es importante. No hay duda de que nuestra gerencia responsable es su única esperanza”.

Rafael Blanco Moreno. Profesor de Biología y Geología.
Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica

UCO Y APCCC: UNA FRUCTÍFERA COLABORACIÓN

Los tiempos cambian muy deprisa y, afortunadamente, en el caso que nos ocupa, a mejor. No hace mucho tiempo, la universidad era en España una especie de ente superior, de otro planeta, “casi” de otra galaxia. Las relaciones entre las universidades y sus respectivos entornos sociales eran mínimas o nulas. Claustros y Rectores parecían habitar una torre de marfil, con aires de “encabezado de página”. El resto de los docentes nos situábamos al pie de esta fortaleza inexpugnable, mientras contemplábamos cómo se nos responsabilizaba del bajo nivel con el que el alumnado entraba (y entra aún) en el recinto amurallado universitario. Incluso el “apodo legal” que el aparato legislativo del Estado y las Autonomías dispensaba a Primaria y a Secundaria era un tanto despectivo: “Enseñanzas no universitarias”. La colaboración  con el resto de los docentes era mínima y solo se materializaba en contadas ocasiones: Para la obtención del Certificado de Aptitud Pedagógica (CAP), hoy Máster en Educación, en el que participaban profesores/as de Secundaria; para la realización de las prácticas en los colegios de Primaria, por parte de los estudiantes de Magisterio y, finalmente,  en las coordinaciones de Selectividad.

Sea por la democratización de la sociedad, por adaptación al medio de la institución (una necesidad) o por un mayor reconocimiento del trabajo que se hace en las escuelas e institutos, el caso es que hoy se está produciendo, al menos en Córdoba,  una vertebración digna de elogio entre los diferentes niveles educativos. Estas relaciones existían, pero no eran visibles y no se concretaban en un proyecto común. Hoy en día son mucho más que evidentes. Observamos con gran satisfacción que los puentes que hemos ido construyendo durante estos cinco últimos años, están siendo cruzados en ambos sentidos. Y resulta prometedor que los intercambios entre los diferentes colectivos que se dedican a la tarea de enseñar, alfabetizar, divulgar la cultura y profundizar en la formación de los ciudadanos/as,  permitan poner en marcha acciones conjuntas y / o complementarias. No puede ni debe ser de otra manera.

Nos gusta esta universidad abierta, conectada con la sociedad. Una universidad que –siendo útil para sus alumnos, desde el punto de vista académico y profesional- contribuye a enriquecer al resto de los ciudadanos. En este sentido asistimos a un momento álgido en el campo de las Ciencias en nuestra ciudad.

La UCO, con su Facultad de Ciencias a la cabeza, ya estaba desarrollando actividades para promocionar sus estudios entre nuestros estudiantes de Bachillerato: Visitas a sus instalaciones, actividades de laboratorio, etc. Pero, gracias a la colaboración con la Asociación Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica, se están configurando en Córdoba los cimientos de un futuro muy esperanzador, con la ejecución conjunta de una serie de actividades de las que se está beneficiando toda la ciudad: Los cinco Paseos por la Ciencia, para los que la UCO ha aportado recursos económicos e innovadoras mesas de experiencias; las Tertulias del Botánico, con la participación desinteresada de ponentes universitarios y el novedoso Campus Científico para alumnos/as de 4ª de la ESO y 1º de Bachillerato, que se desarrollará en Rabanales durante el mes de julio (el único en Andalucía),  en el que participarán profesores/as de Secundaria.

En resumen,  un acercamiento que está dando sus frutos y que esperamos se consolide mediante la firma de un convenio de colaboración, ampliable a otras instituciones de la ciudad,  que, respetando la autonomía e independencia de nuestra asociación, nos permita alcanzar objetivos comunes, como la mejora de las relaciones entre Ciencia y Sociedad y el fomento de  una mayor Cultura en nuestra comunidad.

 

Sebastián Muriel Gomar y Casimiro Jesús Barbado López. APCCC

CATÁSTROFES Y CULTURA

Esta colaboración se gestó una tarde del abril, mientras el doctor Pedro Alfaro, profesor de Geología de la Universidad de Alicante, nos invitaba a reflexionar sobre los tres catastróficos terremotos de 2010. En enero nos sobrecogía el de Haití, con una magnitud de 7.0 en la escala de Richter y sus 200.000 víctimas mortales. En marzo, el de Maule (Chile), que, con una magnitud brutal de 8.8, sólo causó  setecientas muertes. Y en abril, el tercero, de 6.9, en la localidad china de Qinghai, que segó la vida de varios centenares de personas.

En todas estas regiones se conocen con exactitud el tamaño de las fallas causantes, la probabilidad de que el fenómeno se repita y la energía que podría liberarse en cada nueva sacudida. Circula una leyenda urbana que sugiere que este año hay más terremotos que nunca. Pero los estudios sismológicos no lo confirman. Anualmente se producen unos 960.000 terremotos: Uno catastrófico, con magnitud superior a 8; 18 destructivos, con una magnitud comprendida entre 7 y 7.9, y unos 120 que provocan daños importantes, con una magnitud de 6 a 6.9. Que causen más o menos víctimas mortales depende de varios factores. El primero es su energía. El terremoto de Chile fue 500 veces más potente que el de Haití (una unidad más en magnitud equivale a una energía 30 veces mayor). En segundo lugar, su profundidad. En Granada se produjo un terremoto de magnitud 6.3 el pasado 11 de abril, que no se sintió, ya que su hipocentro estaba a ¡617 km bajo nuestros pies! Un tercer factor es la proximidad del epicentro a zonas densamente pobladas. A estos factores naturales hay que añadir la vulnerabilidad de las construcciones y la cultura sísmica. Estos dos nuevos “ingredientes” humanos son fundamentales para explicar muchas de las diferencias relativas a los daños y a las víctimas. Un titular del diario El País sobre Haití lo sintetizaba a la perfección: “Un seísmo machaca a los pobres”.

Al finalizar su magnífica y documentada exposición dejaba en el aire tres cuestiones que, por el foro en el que las pronunciaba,  no eran meramente retóricas, sino una invitación para la reflexión y el trabajo en clase. En la primera preguntaba sobre el derecho de los ciudadanos/as a conocer cómo funciona el planeta. Un derecho que obliga al Estado a poner estos conocimientos a su disposición durante el periodo escolar. Quizá sea oportuno recordar la hazaña de Tilly Smith, una niña británica de 10 años, que salvó la vida a un centenar personas, al predecir la llegada de un tsunami, en diciembre de 2004. Todos vieron cómo se retiraba el mar en esa playa de Tailandia. Muchos se esperaron a capturar en sus cámaras el extraño fenómeno. Ella recordó una clase de Geología y supo interpretar los hechos. En Chile, en Japón o en la costa oeste de los EEUU, los ciudadanos/as poseen esta cultura sísmica. Sin embargo, en Andalucía, donde existe un importante riesgo sísmico, estos contenidos curriculares solo se desarrollan en profundidad en una asignatura optativa de 4º de la ESO.

¿Es la Naturaleza la responsable de las catástrofes? La Tierra posee una turbulenta vida exterior, que se manifiesta en forma de tornados, huracanes e inundaciones, cuyos daños podríamos evitar con una adecuada ordenación del territorio. Y esconde una agitada vida profunda, con una energía interna indomable que disipa mediante volcanes y terremotos. Pero no estamos desarmados. Los seres humanos atesoramos los conocimientos y la tecnología necesaria para disminuir drásticamente el número de víctimas de los terremotos de magnitud 7. “No matan los terremotos, sino el colapso de los edificios”, nos recordaba Pedro.

En último lugar preguntó si vivimos, realmente, en una sociedad del Conocimiento, con una razonable Cultura Científica. Yo afirmaría que nunca antes habíamos tenido acceso a tanta información a golpe de ratón. Pero como en un gran bufé libre, nos cuesta trabajo seleccionarla, cuestionarla y digerirla. Construyamos mediante la educación científica las herramientas intelectuales indispensables para entender el funcionamiento de nuestro mundo y, de paso, preparemos a nuestros hijos/as para afrontar los retos que nos esperan.

 

Casimiro Jesús Barbado López

Asociación Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica

Copenhague, paludismo y evolución

A mediados de agosto de 2009 un  equipo de científicos, con el biólogo evolucionista Francisco Ayala a la cabeza, comprobó que el paludismo o malaria pasó de los chimpancés a los humanos  en una fecha comprendida entre los 2-3 millones de años y el comienzo del neolítico, hace unos 10.000 años. La causa de esta enfermedad es la infección por un protozoo denominado Plasmodium, transmitido a las aves, chimpancés y humanos mediante la picadura del mosquito Anófeles.

Imaginémonos la siguiente escena en el continente africano, hace varios cientos de miles de años. Un homínino (en la jerga actual) se acuesta entre las ramas de un árbol próximo a un río, después de una “dura jornada” de caza o de recolección. Mientras duerme, un mosquito hembra, que acaba de picar a un chimpancé, se le acerca atraído por el calor de su cuerpo o por alguna sustancia volátil emanada de su hirsuta piel. Viajemos ahora al interior de su cuerpo. Al picarle le  inocula en la sangre varios individuos de una especie de Plasmodium a la que vamos a denominar  P1. Éstos se multiplican en su hígado. Algunos encuentran una nueva forma de anclarse en los glóbulos rojos de la “víctima”, permitiéndoles penetrar en ellos y reproducirse de nuevo en su interior de una manera un poco más eficiente. El proceso ira “mejorando” durante miles de generaciones y millones de picaduras. Vamos a llamar P2 a este nuevo parásito más agresivo. Hace 10.000 años, con la formación de asentamientos más grandes y estables, la enfermedad comenzó a extenderse sin freno entre los seres humanos.

Los investigadores han descubierto este parentesco evolutivo comparando las moléculas de ADN de ambas especies. La P2  o Plasmodium falciparum, responsable de la mortalidad en los humanos, es un descendiente de la P1  o Plasmodium reichenowi, la de los chimpancés. Se ha originado mediante varias mutaciones al azar en el  genoma de la versión original y  la selección de los microbios mutantes mejor dotados para reproducirse dentro del cuerpo humano y del mosquito. Esto es evolución en el sentido más darwiniano: La supervivencia de los más aptos. Paralelamente, los homininos (incluyendo los humanos actuales) han sobrevivido a la enfermedad utilizando los mismos principios evolutivos: Diversidad genética,  selección natural y reproducción de aquellos individuos más resistentes; los que, a la postre, logran transmitir a su descendencia esta ventaja adaptativa. Pero no parece que hayamos tenido mucho éxito a juzgar por los cientos de millones de personas afectadas y los 3 millones de muertes anuales (¡un niño cada 30 segundos!). La gripe H1N1 es,  a su lado, un banal resfriado.

La historia del descubrimiento de los mosquitos como vehículos de ciertas enfermedades infecciosas es un caso especial de chiripa con muy pocas dosis de ética, como veremos.  En 1880, el médico francés Charles Laveran encontró individuos de Plasmodium falciparum  por primera vez en la sangre de una persona afectada por la malaria. Dos años después, el inglés  Ronald Ross encontró el microbio, tras una persecución que se nos antoja implacable, en el contenido del estómago de un mosquito que acababa de picar a un enfermo. No obstante, esto no era suficiente, ya que había que probar que la enfermedad se debía a la picadura del mosquito. Para ello, metió en una misma jaula  pájaros sanos y enfermos de malaria aviar, sin que hubiera nuevos contagios. Cuando introdujo los mosquitos junto a las aves, los pájaros sanos comenzaron a enfermar. Poco después, tres italianos, Grassi, Bignami y Bastianelli, consiguieron que varios mosquitos procedentes de áreas palúdicas picaran a un ciudadano voluntario con trastornos nerviosos crónicos –cómo le convencieron parece un capítulo oscuro de la Historia de la Medicina-. La aparición de la enfermedad en el paciente confirmó lo que se sospechaba.

Según la Agencia Española de Meteorología, agosto de 2009 ha sido el tercer mes más cálido en la Península, desde 1961. Su segunda quincena posee el récord de “calor” de los últimos cincuenta años, en el centro peninsular, Extremadura y noroeste de Andalucía. Los científicos predicen que la malaria y otras enfermedades infecciosas adquirirán un nuevo protagonismo debido al calentamiento global que evidencian estos bochornosos datos estivales. Los estudios revelan, provisionalmente, que en países como España o Inglaterra aumentarán de manera significativa los casos de paludismo, como consecuencia del aumento de la población de mosquitos y de la supervivencia del protozoo en estas nuevas condiciones medioambientales. Pero esto ya no es casualidad, sino los efectos de un desastre anunciado desde hace varias décadas y que sólo ahora algunas administraciones están pensando en  mitigar. La cumbre de Copenhague aguarda impaciente a que los políticos se pongan de acuerdo en la reducción drástica de las emisiones de los gases de efecto invernadero. Esperemos que no sea demasiado tarde.

 

Casimiro Jesús Barbado López

Asociación Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica

CÍRCULOS, TRIÁNGULOS Y AGRADECIMIENTOS

La Universidad de Córdoba ha otorgado este año la distinción Tomás de Aquino a la Asociación Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica. Es un reconocimiento a la labor que desarrollamos desde hace tres años y que ha tenido varios momentos álgidos, como el Paseo por la Ciencia en el bulevar o  la celebración de varias conferencias con ponentes ilustres. Se trata de un compromiso que tiene un marco  y unos fines muy concretos, los cuales voy a describir de una forma poco convencional, mediante figuras geométricas.

El círculo es la figura perfecta. Todo lo que existe queda dentro de él: fuego, aire, agua y tierra. Representa el universo según Platón. Fueron dos círculos los que dibujó el matemático Niccolò Fontana, en Venecia, en 1537. El de mayor tamaño, en primer plano, rodea varios saberes del Renacimiento: Astronomía, Aritmética, Geometría, entre otros. En su interior, varios sabios esperan a los estudiantes que Euclides recibe en la entrada. Desde su trono, la Filosofía preside la escena, dentro del segundo círculo, más pequeño, situado al fondo y más arriba. En su puerta se sitúa adelantado Aristóteles; mientras Platón, detrás, airea una banda en la mano que reza: “Nadie que no sea experto en Geometría puede entrar aquí”.

Esa era la sabiduría en el siglo XVI. Hoy en día, sin embargo, el primer círculo es bastante más amplio; el universo no es redondo y, gracias al cosmólogo Edwin Hubble, sabemos que se expande desde su primer “latido”: El big-bang. Este círculo engloba  toda la Cultura generada por el ser humano. En su interior nos encontramos los profesores y profesoras tratando de infundir en nuestro alumnado los nuevos conocimientos, que alguien segregó, desafortunadamente, en  científicos y humanísticos. Nadie que no tenga una Cultura Científica elemental puede entender el mundo del siglo XXI. Al fondo, un círculo restringido, más inaccesible, presidido por una nueva Filosofía, sustentada  en la realidad objetiva, explorada y construida por la Ciencia, que pretende dar respuestas a las cuestiones más profundas sobre la naturaleza, el tiempo, el espacio y la vida. Nadie que no sea experto en Ciencias puede acceder a este conocimiento superior.

Pero Niccolò Fontana, apodado Tartaglia por su tartamudez, es conocido también por su famoso Triángulo de Números, que simboliza el trabajo de nuestra asociación dentro del círculo grande de las disciplinas académicas. Una labor que consiste en sumar reiteradamente, de arriba  abajo, desde la unidad del vértice superior, para construir una base más amplia: 1; 1,2,1; 1,3,3,1; 1,4,6,4,1;  y así sucesivamente, de forma simétrica e infinita. Sumando a lo que nos precede nuestras aportaciones. Desde las tareas más simples, hasta los trabajos más complejos. Desde los éxitos más claros, a las decepciones más tristes. Ésta es nuestra forma de afrontar el conjunto de nuestras metas: Reivindicar más y mejor enseñanza de las Ciencias; divulgar los conocimientos científicos en la sociedad y formarnos como docentes.

El triángulo anterior se denomina Triángulo de Pascal. Probablemente, si el genial inventor de la primera calculadora de la Historia hubiese conocido al  desamparado y empobrecido Tartaglia, le hubiese mostrado su reconocimiento. Una posibilidad  que me sirve, abusando de un fundido casi cinematográfico, para enlazar esta geométrica historia con nuestros agradecimientos. En primer lugar, al Consejo de Gobierno de la Universidad de Córdoba, por la distinción que nos ha concedido. En segundo lugar, a los miembros de esta asociación, por intentar hacer posible un sueño, casi una utopía: convencer a las autoridades educativas de que “Otra enseñanza de las Ciencias es necesaria y posible”, más preocupadas por las apariencias y los fuegos de artificio, que por el fondo. Y por último, a nuestras familias, a los que les robamos su tiempo.

Pero “la gloria, como una nube, desaparece si miras otra vez”.  Y antes de que se esfume, aprovechémosla para tomar impulso y seguir reivindicando una mayor presencia de la Cultura Científica en la escuela y en la sociedad, como una herramienta imprescindible para la democracia.

 

Casimiro Jesús Barbado López

Presidente de la APCCC