CÍRCULOS, TRIÁNGULOS Y AGRADECIMIENTOS

La Universidad de Córdoba ha otorgado este año la distinción Tomás de Aquino a la Asociación Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica. Es un reconocimiento a la labor que desarrollamos desde hace tres años y que ha tenido varios momentos álgidos, como el Paseo por la Ciencia en el bulevar o  la celebración de varias conferencias con ponentes ilustres. Se trata de un compromiso que tiene un marco  y unos fines muy concretos, los cuales voy a describir de una forma poco convencional, mediante figuras geométricas.

El círculo es la figura perfecta. Todo lo que existe queda dentro de él: fuego, aire, agua y tierra. Representa el universo según Platón. Fueron dos círculos los que dibujó el matemático Niccolò Fontana, en Venecia, en 1537. El de mayor tamaño, en primer plano, rodea varios saberes del Renacimiento: Astronomía, Aritmética, Geometría, entre otros. En su interior, varios sabios esperan a los estudiantes que Euclides recibe en la entrada. Desde su trono, la Filosofía preside la escena, dentro del segundo círculo, más pequeño, situado al fondo y más arriba. En su puerta se sitúa adelantado Aristóteles; mientras Platón, detrás, airea una banda en la mano que reza: “Nadie que no sea experto en Geometría puede entrar aquí”.

Esa era la sabiduría en el siglo XVI. Hoy en día, sin embargo, el primer círculo es bastante más amplio; el universo no es redondo y, gracias al cosmólogo Edwin Hubble, sabemos que se expande desde su primer “latido”: El big-bang. Este círculo engloba  toda la Cultura generada por el ser humano. En su interior nos encontramos los profesores y profesoras tratando de infundir en nuestro alumnado los nuevos conocimientos, que alguien segregó, desafortunadamente, en  científicos y humanísticos. Nadie que no tenga una Cultura Científica elemental puede entender el mundo del siglo XXI. Al fondo, un círculo restringido, más inaccesible, presidido por una nueva Filosofía, sustentada  en la realidad objetiva, explorada y construida por la Ciencia, que pretende dar respuestas a las cuestiones más profundas sobre la naturaleza, el tiempo, el espacio y la vida. Nadie que no sea experto en Ciencias puede acceder a este conocimiento superior.

Pero Niccolò Fontana, apodado Tartaglia por su tartamudez, es conocido también por su famoso Triángulo de Números, que simboliza el trabajo de nuestra asociación dentro del círculo grande de las disciplinas académicas. Una labor que consiste en sumar reiteradamente, de arriba  abajo, desde la unidad del vértice superior, para construir una base más amplia: 1; 1,2,1; 1,3,3,1; 1,4,6,4,1;  y así sucesivamente, de forma simétrica e infinita. Sumando a lo que nos precede nuestras aportaciones. Desde las tareas más simples, hasta los trabajos más complejos. Desde los éxitos más claros, a las decepciones más tristes. Ésta es nuestra forma de afrontar el conjunto de nuestras metas: Reivindicar más y mejor enseñanza de las Ciencias; divulgar los conocimientos científicos en la sociedad y formarnos como docentes.

El triángulo anterior se denomina Triángulo de Pascal. Probablemente, si el genial inventor de la primera calculadora de la Historia hubiese conocido al  desamparado y empobrecido Tartaglia, le hubiese mostrado su reconocimiento. Una posibilidad  que me sirve, abusando de un fundido casi cinematográfico, para enlazar esta geométrica historia con nuestros agradecimientos. En primer lugar, al Consejo de Gobierno de la Universidad de Córdoba, por la distinción que nos ha concedido. En segundo lugar, a los miembros de esta asociación, por intentar hacer posible un sueño, casi una utopía: convencer a las autoridades educativas de que “Otra enseñanza de las Ciencias es necesaria y posible”, más preocupadas por las apariencias y los fuegos de artificio, que por el fondo. Y por último, a nuestras familias, a los que les robamos su tiempo.

Pero “la gloria, como una nube, desaparece si miras otra vez”.  Y antes de que se esfume, aprovechémosla para tomar impulso y seguir reivindicando una mayor presencia de la Cultura Científica en la escuela y en la sociedad, como una herramienta imprescindible para la democracia.

 

Casimiro Jesús Barbado López

Presidente de la APCCC

EL BUENO, EL FRÍO Y EL MALO (DIARIO CÓRDOBA. DICIEMBRE 2007)

El día 28 de noviembre de 2007, año “glamoroso” de  la Ciencia en España, ha sido, probablemente, un día gris para el conocimiento científico en Andalucía. La razón se encuentra en tres noticias desconectadas, pero que podríamos aglutinar bajo el título modificado de un clásico del cine del Oeste,  que todos/as recordamos por  su intensa banda sonora, configurada mediante los silbidos de otro genial andaluz, Curro Savoy.

Comenzaba el día con un gesto bueno, tal vez sin consecuencias prácticas, pero amable, enmarcado en la visita de los Príncipes de Asturias para inaugurar el nuevo Rectorado. Pero tal vez no sea este acto protocolario lo más destacable de esta visita, sino la entrevista institucional que mantuvieron los miembros de la Casa Real con 12 jóvenes investigadores/as, en la que conocieron, gracias a estos trabajadores/as “en precario” sus inquietudes y la situación económica y laboral que atraviesan,  mientras los Príncipes abogaban por un mayor reconocimiento social para la investigación científica y destacaban su importancia a la hora de construir un país moderno.

Pero la mañana nos reservaba otras dos sorpresas más, que iban a cubrir de nubarrones educativos un soleado y apacible día de otoño. Una de ellas surgía de las páginas del suplemento de Educación del Diario Córdoba, con las declaraciones de  la Consejera Cándida Martínez, a propósito del año de la Ciencia. En la entrevista comentaba, respecto a las mejoras introducidas en las enseñanzas científicas, que se han incrementado el número de horas en materias instrumentales y se han desdoblado las matemáticas, como si la solución al escaso número de vocaciones científicas, las dificultades del alumnado en Ciencias o el analfabetismo científico de la ciudadanía pasase sólo por dar más horas de lengua o matemáticas, obviando los graves problemas de fondo. Preguntada sobre las quejas del profesorado de Ciencias, que piden más tiempo para estas áreas y más recursos para realizar  experiencias en Primaria y Secundaria, la consejera responde que son los centros, en base a su autonomía, los que deben repartir las horas de “libre configuración” entre aquellos ámbitos de conocimiento que estimen oportunos (se refiere a las dos horas en primero y una en segundo de la ESO que empezaremos a disfrutar el próximo curso).  A los que llevamos varios años reivindicando una mejora en la calidad de las enseñanzas científicas, estas palabras son un jarro de agua fría; es decir: un baño que nos deja “pasmados” y más helados, si cabe, tras el “caramelo en la boca” del congreso de Granada, para celebrar por todo lo alto el centenario de la Teoría de la Relatividad; las vaguedades y generalidades de la LEA y los decretos de la LOE, que ha dejado a las Ciencias como estaban (o peor, que es lo mismo que no hacer nada).

Pero la “penitencia” por estas declaraciones caería como una losa ese mismo día,  en la web “magisnet”, de la revista Magisterio,  con la filtración de los malos resultados del informe PISA 2006 (aunque dudo que la Consejera desconociese estos datos). Este diario lo tituló, con gran acierto, al día siguiente: “Andalucía es la comunidad con menor conocimiento científico”.  Recordemos las cifras: si las enseñanzas científicas ya estaban mal en España y en Andalucía, los resultados de 2006 no pueden ser más categóricos: España obtiene 488 puntos, por debajo del promedio de la OCDE, ocupando el puesto 31, de un total de 57 países; mientras que Andalucía, con 474 puntos, se coloca a la cola del Estado, en un ranking que encabezan Castilla y León y La Rioja, con 520 puntos. Pero si esto es preocupante (sin progresos desde PISA 2003), más preocupante es aún el que el 23 % del alumnado andaluz esté por debajo del nivel mínimo (es lo contrario a la equidad, en la jerga de PISA), mientras que en España es el 20 % y en Castilla y León, solo el 9%. O que el 3% de nuestro alumnado  obtenga un rendimiento elevado (excelencia, en términos técnicos), frente al 5 % de España o el 9 % de la Rioja.

Será a partir del 4 de diciembre cuando conozcamos oficialmente éstos y otros datos y los analicemos en profundidad. Mientras tanto, dejemos constancia de un buen gesto, de unas declaraciones que nos dejan “fríos” y de unos malos resultados. Todo ello reafirma nuestra postura y nos anima a seguir trabajando por la Cultura Científica, que es, frente a los grandes retos de la Humanidad, la esencia de la Cultura Democrática.

 

Casimiro Jesús Barbado López

Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica

CIENCIA SOCIAL, DIÁLOGO DE SABERES (DIARIO CÓRDOBA. 12.12.2007)

El pasado mes de noviembre tuvo lugar en Madrid el IV Congreso de Divulgación Social de la Ciencia: Cultura científica, cultura democrática. La Asociación de Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica estuvo allí y sacó sus conclusiones.

Durante tres días se han comunicado multitud de experiencias, multitud de ideas y un sin fin de preguntas y respuestas salpicaron el ambiente. El congreso internacional -bien apadrinado por el CSIC y la FECYT- logró reunir en Madrid a varios centenares de personas interesadas por el evento. Serían muchas las cosas a destacar.

Hoy queremos dar a conocer lo importante que puede resultar la colaboración entre la comunidad científica y la ciudadanía.

Dentro de la simultaneidad de comunicaciones, elegimos un conjunto de ellas que bajo el título de ´Modelos de participación ciudadana a través de la coproducción del conocimiento científico´ prometía algo diferente, algo nuevo. Era un menú desconocido pero nos atrajo la variedad. Al terminar, tras casi dos horas, superados todos los márgenes horarios, los asistentes aplaudimos con fuerza. Es algo extenso pero trataremos de abreviar. Se dan nombres y pistas por si alguien quiere buscar en Internet.

Abrió la sesión Santiago Tomás, de la Universitat Oberta de Catalunya. Su comunicación era muy sencilla: En Cataluña han elaborado una web dedicada al trastorno bipolar (ciclos de depresión alternados con euforia). Es un lugar de encuentro de los afectados, amigos y familiares. No hay publicidad ni apoyo institucional. Es un foro de no especialistas, la voz de los no expertos. Lo cierto es que los pacientes se han convertido en auténticos expertos, aparte del apoyo y compañía que se dan. En poco tiempo los expertos (psicólogos, psiquiatras) han empezado a visitar la web solicitando la ayuda de los enfermos para elaborar sus diagnósticos y facilitar los tratamientos.

La segunda nos sorprendió igualmente: Ricardo Silveira, Universidad Estatal de Campinas, Sao Paolo, Brasil. Nos contó una fantástica experiencia: La citada Universidad colabora -en igualdad de condiciones- con las cooperativas populares de triaje de residuos sólidos urbanos dentro de un proyecto de economía solidaria.

La información circula en la doble dirección, universidad-cooperativas, y múltiples mejoras han podido concretarse en la práctica. Universidad y cooperativas trabajan por la inclusión social. Investigadores y cooperativistas están encantados, a pesar de algunos problemas de comunicación. Las cooperativas de triaje se extienden por el país.

Florística y conocimiento científico en comunidades indígenas de la cuenca media del río Balsas fue comentada por Moisés Robles de la Universidad Autónoma de México. Estado de Guerrero, cerca de Acapulco. Bosque caducifolio. Alto grado de conservación. Entre población indígena y expertos de la universidad se han clasificado más de 500 especies de plantas. Se han fotografiado, se hicieron exposiciones y publicaciones. Funciona un consejo de estudio de ancianos que trabajan codo con codo con los científicos. Confluencia de intereses entre investigadores y comunidad local.

Comunicación social de las técnicas de neuroimagen y participación ciudadana, Alicia Rodríguez de la Universidad de Málaga. Estas técnicas permiten ver el cerebro mientras se siente, se miente o se piensa. Puede detectarse cierta propensión a la violencia o a comprar: respuestas diferentes ante diferentes marcas. Hay motivos para el entusiasmo, pues enfermedades como el alzhéimer o el parkinson ´avisan´ antes de que comiencen. Se trata de un terreno propicio para la participación ciudadana por las implicaciones neuroéticas que se derivan. Si manda el cerebro ¿no soy responsable de lo que hago? ¿Se puede conocer como una persona es? Las consecuencias de estos descubrimientos afectan a científicos, políticos, filósofos, investigadores, legisladores, periodistas, etcétera.

Diálogo de saberes entre el conocimiento tradicional y científico para la conservación de la piangua. Silvana Espinosa, Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras -Colombia- Costa Pacífica sur.

La piangüa es una concha, base alimenticia de una buena zona de Colombia. Las piangüeras son las mujeres que tradicionalmente las recolectan en condiciones de riesgo. Estas gentes detectan que la piangüa está amenazada debido a la sobre-explotación y solicitan la colaboración del citado instituto para conocer bien periodos de descanso, tamaño mínimo a recolectar etc. Trabajo difícil: cada afirmación de las piangüeras era contrastada por experimentos.

Finalmente, se comprobó que más tiempo de descanso de los criaderos no significaba más piangüas. Era fundamental que los pies de las piangüeras movieran la tierra. No mover la tierra significaba piangüas aprisionadas por ella y esto no permitía crecer al animal.

Actualmente las investigaciones continúan y la piangüa se está recuperando.

 

Sebastián Muriel Gomar

Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica

¡El tabaco, la droga nacional!

Hubo un tiempo en que el tabaco estaba prohibido, en que un fumador podía ser ejecutado o mutilado. Y hoy….

Un pitillo colocado con esmero entre los labios, un individuo – con el tiempo también la fémina –  oportunamente echado sobre la pared, exhalando magistralmente ese humo blanco… Una escena en una película cualquiera de los años del cine sin color con, por ejemplo, Humphrey Bogart como protagonista. ¡El tipo duro, el hombre! ¡Un auténtico modelo social en los albores del siglo XX!

Entonces sólo era una imagen que copiar, afianzado por la disponibilidad de la droga. Y vaya si se copió, actualmente somos millones de personas en todo el mundo, hombres, mujeres, adolescentes, niños, niñas y toda una retahíla de enfermedades asociadas, de muertes. Somos los mismos padres un ejemplo para nuestros hijos, deseosos éstos, por otra parte, de parecer adultos.

Es la ciencia y la tecnología, a través de los científicos, la que haciéndose eco de una lacra social, trata de bajarnos los humos, de ponernos datos ante nuestras propias narices, esas que todavía absorben inocentemente parte de los “cientos” de componentes químicos que conforman el tabaco.

Los investigadores nos dicen: << basta una pequeña cantidad de humo de tabaco inhalado indirectamente para dañar la facultad de aprendizaje de un niño, afectando su capacidad de lectura, matemática y razonamiento>>, <<los estudiantes que ven relativamente más películas en las que se fuma también poseen actitudes más positivas hacia este hábito>>.

Uno de los estudios más amplios sobre el fumar pasivo halló que la inhalación del humo de los cigarrillos que otros fuman aumenta el riesgo de asma y de otros trastornos respiratorios en los no fumadores, como la falta de aliento, la opresión torácica y la función pulmonar en los adultos; y que esto sucede en muchos sitios, especialmente en el centro de trabajo.

Los gobiernos están obligados a establecer nuevos patrones de salud, ya sea en centros públicos, en los lugares de trabajo o en el hogar de cada uno de nosotros. Y si todo esto tiene por motor sólo intereses económicos, benditos sean.

Casi todos los fumadores, entre ellos nuestros alumnos de la E.S.O., creen conocer perfectamente los riesgos del tabaco para su salud, pero lo cierto es que tienen una gran cantidad de concepciones falsas. Tal es el caso de creer que los cigarrillos son menos peligrosos cuando no tienen filtro, cuando tienen un reducido contenido de alquitrán o cuando se han eliminado los aditivos; que la nicotina causa cáncer, o que el riesgo de éste es el mismo para el no fumador que para aquel que fuma 5 cigarrillos al día; que las medicaciones contra la nicotina eliminan completamente la necesidad de fumar; o que la probabilidad de desarrollar un cáncer depende más de la edad de la persona que del mero hecho de fumar.

En pleno siglo XXI, ¿estamos realmente informados? ¡Ya es hora de aprender y enseñar que un solo cigarrillo hace daño!

 

Antonio Muñoz Bermejo

PROFESORADO DE CÓRDOBA POR LA CULTURA CIENTÍFICA

A DON MANUEL TOHARIA, MAESTRO DE MAESTROS, DEFENSOR DE UNA ÚNICA CULTURA. (DIARIO CÓRDOBA 2007)

Acostumbrados como estamos a los discursos planos de ponentes que saben mucho, muchísimo, pero que no transmiten emoción; el pasado día 22 de febrero comprobamos que las cosas pueden ser de otra manera.

Allí estabas, detrás de la mesa, sin papeles, sin ordenador, sin más tecnología que el torrente de tus ideas y de tu voz; sin más recursos que la palabra amiga, convencida y sin doblez.

Fue durante tu conferencia o, mejor dicho, durante el encuentro con tus nuevos amigos y discípulos de Córdoba, mientras combinabas, con  sabiduría magistral, el tiempo, el volumen de tu voz y ¡el espacio! Esos momentos tranquilos, hilvanando ideas, haciendo propuestas…  Seguidos de otros momentos de fuerza, de tensión, cercanos al enfado y la rabia, para rebatir, criticar y denunciar el “status quo” de la incultura actual. Un sano, y a veces raro, ejercicio de sinceridad, al sacar fuera de ti las esencias de tu mente inquieta y rebelde (diría de tu alma, si ambos creyésemos en su existencia etérea, fuera de los límites de nuestras neuronas). Y de vez en cuando,  momentos divertidos, esparciendo risas por la sala con anécdotas familiares, profesionales e incluso “Reales”.

Gracias por la forma de exponer tus ideas, por las vivencias y emociones que despertaste en nosotros. Gracias también por tu contribución a desmontar patrañas, por el revolcón a curanderos, astrólogos e “íkeres jiménez” que pueblan nuestra fauna y por reafirmar que nuestro trabajo, como defensores y defensoras de la Cultura (que no es de letras ni de ciencias) consiste en arrancar a las personas de los brazos de la ignorancia, en “desbobar” a los “bobos”, utilizando tus palabras que, en ningún caso sonaron a insulto, sino a revulsivo o purgante para las conciencias adormecidas,  para la sociedad y, sobre todo, para los políticos de turno.

Pero el momento cumbre, que nos puso la piel de gallina, fue cuando recorriste la anchura del salón con el fin de explicarnos el “boom” demográfico. Paso a paso ibas señalando el suelo y la pared, recreando las variables de una investigación científica. Podrías haber utilizado una diapositiva. Pero ninguna imagen hubiera sido más efectiva que la un hombre menudo, canoso, con voz afable, alzando sus manos cerca de la puerta del salón de actos del CEP, para explicar que la Humanidad ha pasado, en poco más de un siglo (unos pocos centímetros de suelo), de 1500 a 6500 millones de habitantes, gracias al progreso científico. Y, a renglón seguido, pasar  de esta alabanza, a la realidad más dramática: a pesar  de este progreso, el 20 % de los seres humanos disfrutan del 80 % de los recursos.

Gracias, en definitiva,  por hacernos comprender que, a pesar de que el cambio climático ocupa las portadas de los medios de comunicación de todo el mundo, como un problema medio-ambiental gravísimo y con consecuencias terribles para los países ricos (y también para los menos desarrollados), el mayor reto al que se enfrenta la Humanidad es la inmensa pobreza del tercer y cuarto mundos, la desigualdad e injusticia en la distribución de la riqueza y, sobre todo, la insolidaridad de los que disfrutamos de las más altas cotas de bienestar.

 

Casimiro Jesús Barbado López

Coordinador del Colectivo Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica

PRESENTACIÓN DE LA CONFERENCIA DE BERNAT SORIA. CEP DE CÓRDOBA. 2007

Buenas tardes. El tiempo es un factor limitante, por eso seré breve. Quiero enmarcar esta conferencia dentro de las actividades del colectivo al que represento y, para ello, voy a leer en voz alta unas cuantas reflexiones hilvanando CINE, CIENCIA y REIVINDICACIONES.

PLANTEAMIENTO

“Empezaremos con un terremoto, y a partir de aquí, haremos que la película vaya in crescendo…” Esta era la filosofía cinematográfica de Cecil B. de Mille, famoso director de cine de los años cuarenta. Comenzar en el clímax y proseguir cuesta arriba. Difícil empresa.

La misma estrategia que la del colectivo Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica durante los primeros meses del año 2007. El terremoto lo vamos a experimentar en este salón de actos, dentro de unos minutos, escuchando del profesor Bernat Soria el devenir de sus investigaciones sobre células madre. Y después, otras conferencias de similar magnitud en la escala Richter y una locura maravillosa: el Paseo por la Ciencia, el 17 de marzo. Todo ello concebido bajo una misma línea argumental: sensibilizar a la sociedad respecto al papel de las Ciencias en la Educación y reivindicar, utilizando una enigmática y  paradójica frase de la Consejería de Educación, que “otra enseñanza de las Ciencias es necesaria y posible”.

NUDO

Cuentan que un día de diciembre del año 2005, Albert Einstein y Miguel de Cervantes hicieron parada y fonda en nuestra ciudad, después de visitar cuatrocientos cincuenta y siete institutos y doscientos noventa y ocho colegios, celebrando sus respectivos centenarios. Durante la cena comentaron el abismo existente entre las Ciencias y las Letras. La Consejera, peregrina cultural como los dos grandes genios, les adelantó, con gesto serio y comprometido, lo que serían los ejes de su nueva política educativa, encaminados a paliar este desastre: más bibliotecas en los centros, más tiempo para la lectura en la escuela, alfabetización científica de la sociedad andaluza y una revisión del papel de las Ciencias en el currículo, con mayor carga horaria para las áreas científicas, uso de los laboratorios en todos los centros de Primaria y Secundaria y cambios metodológicos desde una perspectiva investigadora y experimental. Dicen que el ilustre físico y el genial escritor durmieron plácidamente aquella noche…

La historia que acabo de contar pertenece, sin duda y por desgracia, al género de la  Ciencia Ficción. Sin embargo, la realidad y, lo que es más grave, el futuro de las Enseñanzas Científicas configuran un film casi patético y algo surrealista, más de un año después de la celebración de los fastos del Quijote y de la Teoría de la Relatividad y con los decretos de la Ley Orgánica de Educación para Andalucía en ciernes: laboratorios inexistentes o cerrados, escasez de tiempo para el desarrollo de los contenidos, enseñanza encerrada en los límites del libro de texto, desaparición de la Biología-Geología y de la Física-Química como áreas obligatorias e independientes en la ESO y algo inconcebible para la alfabetización científica:  su optatividad, atentando contra la esencia misma de la Cultura. Y todo bajo el paraguas del recientemente proclamado año de la Ciencia. Otra cortina de humo y un triste sarcasmo.

DESENLACE

Pero no son tiempos para el desánimo y estos familiares y adaptados versos de un aprendiz de poeta, pueden servirnos como contrapunto:

¡Que los políticos no rompan la vidriera de la magia!

¡Qué no intenten robarnos el hechizo! …

Porque esta lucha es  nuestra.

Y estos versos escritos son futuro.

Son ilusión, comprensión, mañana.

¡Mañana!… eso es la Ciencia.

EPÍLOGO CON AGRADECIMIENTOS

¿Al Excmo. y Magnífico Rector, a la Ilma. Delegada de Educación y a la Sra. Concejala de Educación e Infancia, por honrar con su presencia este acto? Al CEP de Córdoba, por su apoyo a nuestras iniciativas; a todos/as los miembros del colectivo, por las ilusiones compartidas en torno a las Ciencias y al resto de los asistentes, por su hipotética complicidad. Cedo la claqueta a Manuel Casado, asesor de esta casa, para que nos presente al ilustre invitado de hoy.

Casimiro Jesús Barbado López.

Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica (Diario Córdoba)

Existe en Córdoba un colectivo denominado Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica, constituido por profesores de enseñanzas secundaria y superior, que se creó en mayo del pasado año y que surge como respuesta a la situación de las Ciencias en el actual sistema educativo, en el cual la alfabetización científica queda fuera de la educación obligatoria y la enseñanza de las Ciencias es relegada a un papel secundario en la formación integral de la ciudadanía.

Sus objetivos son concienciar a la sociedad de la importancia de las Ciencias en la educación integral del ser humano, reivindicar medidas concretas para mejorar la Enseñanza de las Ciencias, promocionar la Cultura Científica en la escuela y en la sociedad en general, potenciar la comunicación entre el profesorado de Ciencias y de éste con la sociedad, mejorar la actualización científica del profesorado, elaborar documentos para la promoción y la divulgación de la Ciencia y reivindicar las Ciencias como materias instrumentales básicas en la formación y desarrollo de las personas. Los miembros del colectivo llevan a cabo este empeño de forma totalmente altruista, con generosidad y movidos por su amor a las ciencias.

Hasta ahora, sus actividades han consistido en tener reuniones con los representantes de los partidos políticos para transmitirles sus inquietudes y proyectos, y en colaboraciones periódicas en la prensa con artículos de divulgación de la Ciencia. El día 9 de marzo será su “presentación en sociedad” con una conferencia en el salón de actos de CajaSur titulada “Alimentos transgénicos: realidad y ficción, ventajas e inconvenientes” impartida por Gabriel Dorado Pérez, profesor de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Córdoba y dos días después, en colaboración con el Ayuntamiento de la ciudad, se celebrará un acto denominado “Las Ciencias a la Calle”, que pretende ser un primer paso para acercar las ciencias al ciudadano mediante la realización de sencillos experimentos.

En el tema de la cultura hay una cierta confusión. Por supuesto que cultura es saber de arte, de historia, de filosofía o de literatura. Pero la cultura no acaba ahí. La Ciencia también es cultura y la incultura científica de este país, en general, y la de los alumnos de secundaria, en particular, es muy preocupante. El conocimiento científico es un elemento imprescindible para poder interpretar el mundo que nos rodea, y hoy que tanto se habla de la sociedad del conocimiento, sería bueno que estuviésemos concienciados de que eso implica también poner a las Ciencias en el lugar que les corresponden.

Los expertos cifran en 60.000 los científicos que se necesitan para que España se suba al tren tecnológico y el crecimiento económico no se convierta a medio plazo en un espejismo. En este sentido, es fundamental concienciar a la sociedad y sobre todo a sus representantes, los grupos políticos, acerca del papel de las Ciencias en el progreso de la sociedad y la importancia de las materias científicas en la formación de los ciudadanos.

Si miramos a nuestro alrededor, veremos que estamos rodeados de fenómenos que tienen una explicación científica pero que la inmensa mayoría de la sociedad desconoce. También comprobaremos que la mayoría de los objetos y materiales que utilizamos se han podido fabricar gracias a la Ciencia y ya no es posible imaginar un mundo sin tecnología detrás de la cual está la Ciencia básica. Sin el conocimiento que proporcionan las Ciencias sería imposible alcanzar este grado de desarrollo y progreso.

Sin una base sólida en Ciencias nuestros alumnos estarán abocados al fracaso en sus estudios superiores y el desarrollo científico de nuestro país se resentirá notablemente.

Las Ciencias están maltratadas en la enseñanza secundaria y esto resulta paradógico. Esta denuncia no va contra las otras ramas del saber. Tan necesarias son las unas como las otras. Esta falsa competencia sería algo análogo a la pregunta ¿a quién quieres más, a papá o a mamá?

Los políticos deben poner remedio a cuestiones como que, según el Instituto Nacional de Evaluación y Calidad del Sistema Educativo (dependiente del Ministerio de Educación y Ciencia), nuestro sistema educativo es de los que menos horas dedican a las Ciencias en la Unión Europea; que hay un uso muy escaso de los laboratorios en los distintos centros debido al horario insuficiente y al elevado número de alumnos por aula (30 en ESO y 35 en Bachillerato); que según los informes PISA de 2000 y 2003, los resultados de nuestros escolares en el ámbito científico son malos; que la formación científica es opcional en 4º de la ESO, cuando debería ser obligatoria; que está disminuyendo notablemente el número de alumnos matriculados en bachilleratos científicos, así como en carreras de Ciencias e Ingenierías, y que la estructura de los bachilleratos científicos es caótica, puesto que permite la titulación de los alumnos con graves carencias en conocimientos científicos básicos, lo que se traduce en una falta de preparación para la Universidad y que éstas tengan que diseñar los denominados “cursos cero” para los estudiantes de nuevo ingreso. Estos cursos son un claro reconocimiento del fracaso del bachillerato en la formación científica de los alumnos.

Por favor, pongan remedio a esto. Si necesitamos científicos, no maltratemos a las Ciencias en la formación de nuestra juventud. Nos estamos jugando una parte muy importante de nuestro futuro.

 

Juan José Ruiz

Miembro del colectivo Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica

¿PARA QUÉ SIRVEN LAS CIENCIAS EN LA ESCUELA? (EL DÍA DE CÓRDOBA..MARZO 2007)

El saber científico es multidimensional. Está formado por conceptos, incluyendo los hechos, las teorías y las leyes; los procedimientos y métodos de la Ciencia y las actitudes y valores que lo sustentan y permiten sus aplicaciones dentro de los límites establecidos por una ética universal.

El conocimiento científico  forma parte del acervo cultural de la Humanidad, construido colectivamente mediante la lucha del ser humano contra el Mito, para “arrancarle a la naturaleza sus secretos” y “repartirlos entre los hombres” (como dijo Gregorio Marañón, refiriéndose a Madame Curie).  Es Cultura, imprescindible para el desarrollo integral del ser humano y una herramienta fundamental para interpretar el mundo y no quedar fuera del juego  intelectual de nuestra época.

Esta comprensión del mundo es, además, el sustrato para liberarnos de supersticiones; pseudociencias, como la ufología, astrología y demás ciencias ocultas;  terapias milagrosas;  fraudes;  manipulaciones y engaños. Todo un universo de patrañas  que se multiplican sin control por la red y la televisión y a las que Carl Sagan,  en su libro “El Mundo y sus demonios”, responsabiliza de una  nueva edad oscura.

Las Ciencias nos informan de los riesgos ambientales y de sus consecuencias (inundaciones, tornados, huracanes, sequías, etc.); pueden  predecir algunas catástrofes naturales con una cierta precisión (tsunamis, volcanes, deslizamientos, etc.) y nos desvelan qué zonas del planeta son más seguras y cuáles son más peligrosas para los asentamientos humanos.

Pero, además, nos facilitan  la comprensión de las interacciones entre el ser humano y su medio: calentamiento global; agotamiento de los recursos naturales; falta de agua, energía y/o alimentos para abastecer a la población mundial; pérdida de biodiversidad; contaminación ambiental; etc.

Y derivado de de este conocimiento, sobre ellas descansa el conjunto de soluciones a los problemas medio-ambientales, cuando éstas satisfacen ciertos criterios éticos (la Ciencia construye “los saberes”, mientras que la Ética, “los deberes”): Un conjunto de soluciones racionales e imaginativas dentro de lo que conocemos como Desarrollo Sostenible, que no comprometa el futuro de las generaciones venideras y que garantice unos niveles de vida dignos para todos los ciudadanos/as.

Por otra parte, la medicina y la mayoría de los objetos y materiales de uso corriente son productos del desarrollo científico y tecnológico y nos están abriendo las puertas a un grado de bienestar sin precedentes, pero también a una serie de nuevos dilemas y retos (contaminación electromagnética, clonación, Ingeniería Genética, etc.) que hay que entender y valorar en su justa medida, buscando fórmulas compatibles con un modelo de desarrollo ajustado a los ciclos naturales, que garantice, además,  el acceso a unas mejores condiciones de vida para todos los habitantes del planeta.

Dentro de este ámbito, las Ciencias fomentan actitudes y hábitos para el cuidado de la salud, así como conocimientos para hacer frente a los riesgos relacionados con la alimentación, el consumo, las drogodependencias y la sexualidad, proporcionando también las claves necesarias para comprender las nuevas tecnologías y sus posibles consecuencias para la salud y el medio ambiente.

Con los últimos avances genéticos y neurobiológicos, las Ciencias nos están ayudando a redefinir la condición humana, situando a nuestra especie en el lugar que le corresponde en la naturaleza y de esta forma afrontar las nuevas perspectivas sobre la libertad, la mente y sus enfermedades, la felicidad, etc.

Por otra parte, la disminución del analfabetismo científico nos proporciona la mejor vacuna individual y colectiva contra el dogmatismo y el fanatismo religiosos y contribuye a la necesaria y efectiva integración cultural, étnica, lingüística, social y económica de los diferentes pueblos y naciones y, a largo plazo, al desarrollo económico y social de los países más pobres.

Finalmente, la Ciencia en general pone en juego valores que le son inherentes: escepticismo; racionalidad, entendida como el poder de la razón para comprender el mundo; búsqueda de la verdad objetiva; participación de la colectividad en la construcción del conocimiento; rigor intelectual; debate y confrontación de ideas;  provisionalidad; etc.

Por todo ello, la enseñanza de las Ciencias  contribuye a la formación de ciudadanos críticos, capaces de entender la complejidad del mundo y los cambios que estamos experimentando, a la vez que  nos capacita para cuestionar las políticas de nuestros gobernantes y adoptar de forma autónoma, racional y fundamentada  nuestras propias decisiones, facilitándonos la participación activa en la comunidad, como ciudadanos informados, comprometidos, libres  y responsables. En definitiva, la socialización del conocimiento científico  es la esencia de la democracia.

Y si esto es así: ¿Por qué los políticos deciden por ley  que esta Cultura sea inaccesible para la mayoría del alumnado a partir de los 15-16 años? Buena pregunta en el año de la Ciencia.

Casimiro Jesús Barbado López

Asociación Profesorado de Córdoba por la cultura Científica

IMPULSO A LAS CIENCIAS (ABC. TRIBUNA ABIERTA. 7.03.07)

En relación con las enseñanzas científicas, planean sobre nuestro sistema educativo una serie de problemas que ni el MEC ni la Consejería de Educación han decidido abordar en las últimas reformas derivadas de la LOE: un elevado número de alumnos por aula, lo que impide la realización de prácticas de laboratorio; escasez de horario, siendo España uno de los países de la UE que menos tiempo le dedica a estas disciplinas; ausencia de laboratorios en Primaria y casi nula utilización de los de Secundaria; su absurda optatividad en 4º de la ESO y unos Bachilleratos de Ciencias e Ingeniería que no garantizan una sólida formación científica, obligando a la Universidad a impartir cursos «cero». Algunos de estos problemas explican los malos resultados de nuestros escolares en las pruebas PISA 2000 y 2003 y, algo muy preocupante, el bajo número de vocaciones científicas.

Impulsados por la necesidad de cambiar esta situación, surge, en el año 2005, el colectivo Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica. Hoy convertido en asociación, aglutina a varias decenas de profesores/as de todos los niveles educativos, en defensa de la Cultura Científica entendida como herramienta fundamental para la formación de ciudadanos más libres, críticos, responsables y participativos, comprometidos con los problemas de nuestra sociedad.

Durante este año han centrado sus esfuerzos en la divulgación de la Ciencia mediante programas en la Televisión Municipal y un ciclo de conferencias impartido en el CEP Luisa Revuelta, con ponentes como Bernat Soria y Manuel Toharia. También han llevado a cabo una campaña de recogida de firmas para reivindicar la mejora de las áreas científicas en Andalucía. Pero su actividad estrella, denominada Paseo por la Ciencia, se desarrollará el próximo 14 de abril en el bulevar Gran Capitán, bajo estos lemas: «Hacemos en la calle lo que no podemos hacer en nuestros centros» y la «Ciencia es Cultura». Se trata de una jornada lúdica en la que el público podrá realizar casi un centenar de experimentos y comprobar que el conocimiento científico es, además de divertido, útil para nuestras vidas.

Casimiro Barbado López

Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica

CRISIS EN LA ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS (SEMANARIO LA CALLE DE CÓRDOBA. ABRIL 2006)

El Nacional Council Research, una institución integrada en la Academia Nacional de Ciencias de EEUU, definió, en 1996,  como persona alfabetizada científicamente, a aquella que “tiene la habilidad para describir, explicar y predecir fenómenos naturales (…). Implica que pueda identificar los aspectos científicos que soportan las decisiones de tipo local o nacional y exprese opiniones al respecto,  sustentándolas tanto científica como tecnológicamente”. Siguiendo esta línea argumental cabría preguntarse: ¿Está preparado el ciudadano/a español para  comprender el alcance de dos noticias de la última semana, sintetizadas en estos dos titulares?: “Las capas de hielo de Groenlandia y de la Antártida se habrán fundido casi en su totalidad en el año 2100 (…)” (EL MUNDO) y “España será el cuarto país europeo en autorizar la clonación terapéutica” (EL PAÍS). Me temo que la respuesta sería negativa. Aún llegaría más lejos: Según el NCR, la mayoría de los españoles serían analfabetos científicos (y los estadounidenses, por supuesto, también).

Este artículo abordará las causas de esta incultura, centradas, fundamentalmente, en nuestro sistema educativo. También esbozará la importancia del conocimiento científico en la formación ciudadana  y finalizará con las propuestas que se están apuntando, desde diversos frentes, para comenzar a resolver esta crisis.

Nuestro sistema educativo mantiene un elevado número de alumnos por aula, lo que impide la aplicación generalizada de metodologías favorecedoras de la asimilación del conocimiento científico. A esto hay que añadir la reducida dimensión temporal de las áreas  de Ciencias, siendo España uno de los países de la UE que menos tiempo le dedica a estas disciplinas en Secundaria y  Bachillerato. El panorama se completa con un currículo excesivamente centrado en contenidos memorísticos y poco significativos, que giran alrededor de una lógica disciplinar rigurosa; la ausencia de aulas específicas, laboratorios y equipamientos en Primaria y una casi nula utilización de los de Secundaria, que, aunque relativamente bien dotados, permanecen cerrados por falta de tiempo y de profesorado para llevar a cabo experiencias prácticas con grupos más reducidos. El remate final a este cúmulo de despropósitos son estas tres postreras perlas contra la formación científica: su optatividad en el último curso de la ESO, bajo el pretexto de su dificultad y la atención temprana a la diversidad de intereses del alumnado; una estructura de los Bachilleratos Científicos caótica, que no asegura una formación sólida en las cuatro disciplinas básicas, obligando a la Universidad a diseñar cursos “0” y unos Bachilleratos de Humanidades, Sociales y Artes desprovistos de Cultura Científica, siendo las de 3º de la ESO las últimas Ciencias Naturales que han estudiado muchos de nuestros titulados superiores, incluidos los maestros/as que darán clases a nuestros hijos/as.

No es de extrañar el bajo nivel detectado en investigaciones didácticas y en las famosas evaluaciones externas PISA 2000 y 2003. La mezcla anterior está provocando una disminución del número vocaciones científicas, es decir, una reducción sustancial del número de alumnos/as que eligen estas opciones en  el Bachillerato y en la Universidad y está sembrando la alarma en nuestros gobernantes, ante la necesidad de disponer de 60.000 científicos para el año 2010, como respuesta al compromiso de aumento de la inversión hasta el 2% del PIB en I+D+i, antes del final de la década.

La apropiación del saber científico (multidimensional, no solo formado por hechos, leyes y teorías) es fundamental en el proceso de desarrollo personal. Es Cultura, imprescindible para interpretar el mundo, ya que aporta los métodos y los conceptos necesarios para  la comprensión del funcionamiento de la naturaleza en su conjunto, incluida la naturaleza humana: Evolución, Procesos Químicos, Transformaciones de la Energía, Historia de la Tierra, etc. Esta comprensión del mundo es el sustrato para liberarnos de mitos, supersticiones y manipulaciones, tan en boga en los últimos años (sectas, pseudociencias, curanderismo, etc.), pues contiene los instrumentos para observar y contrastar la realidad, junto con una buena dosis de escepticismo, tan necesario para cuestionar las apariencias.

La Ciencia, además,  nos facilita la comprensión de las interacciones positivas y negativas entre el ser humano y el medio-ambiente y sobre ella se sustentan las soluciones a los problemas medio-ambientales derivados del desarrollo científico-tecnológico, cuando satisfacen ciertos criterios éticos (Ciencia son saberes y Ética, deberes). Un conjunto de soluciones racionales dentro de lo que conocemos como Desarrollo Sostenible, que no comprometa el futuro y garantice unos niveles de vida dignos para todos los ciudadanos/as.

Por otra parte, los avances médicos y la mayoría de los objetos y materiales que utilizamos son productos de la Tecnociencia, y nos están abriendo las puertas a un grado de bienestar sin precedentes y, junto con ellos,  a una serie de retos (contaminación electromagnética, clonación, Ingeniería Genética, etc.) que hay que entender, analizar  y valorar en su justa medida, buscando fórmulas compatibles con un modelo de desarrollo ajustado a los ciclos naturales y que garantice el acceso a unas mejores condiciones de vida de todos los habitantes del planeta.

Finalmente, la Ciencia, como empresa ética, pone en juego valores propios como racionalidad, búsqueda de la verdad, participación, rigor intelectual, debate y confrontación de ideas,  provisionalidad de las teorías, sensibilización ambiental, etc. Por tanto, su enseñanza contribuye a la formación de ciudadanos críticos, capaces de entender la complejidad del mundo y los cambios que estamos experimentando, a la vez que  nos capacita para tomar decisiones racionales y fundamentadas y participar activamente en la comunidad, como ciudadanos informados, comprometidos, libres  y responsables. En definitiva, la socialización de este conocimiento es la esencia de la democracia.

Por desgracia, ante el analfabetismo científico de nuestros escolares y de la sociedad, el Gobierno responde con “más de lo mismo”:  una Ley Orgánica de Educación en la que disminuyen los Objetivos Generales relacionados con la Ciencia y mantiene su optatividad a partir de los 15 años.

La situación descrita anteriormente y los importantes cambios que ha experimentado nuestra sociedad en los últimos años, con un mundo cada vez más globalizado, la expansión de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, la grave crisis ambiental y un cambio en las formas de vida occidentales, en las que prima el consumismo, lo perceptivo, la comodidad y la superficialidad, por encima del esfuerzo, la reflexión y la responsabilidad (GARCÍA PÉREZ 2005), están propiciando la movilización del profesorado. En Córdoba, docentes de Secundaria, Primaria y Universidad hemos constituido un colectivo denominado Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica, con el fin de reivindicar una mayor presencia de las Ciencias en el currículo y en la “calle”. Nuestra última actividad reunió en el bulevar Gran Capitán, a muchos cordobeses y cordobesas en torno a unas cuarenta experiencias, bajo un espléndido sol, el pasado 11 de marzo. La Administración andaluza, aparentemente sensibilizada por esta problemática, ha presentado un documento titulado “Educación y Cultura Científica”, cuyo borrador final fue debatido en Granada a comienzos de marzo y que esperamos sirva para trazar las líneas maestras que permitan afrontar esta crisis. A nuestro juicio las soluciones  pasan por las siguientes medidas: dotación de los medios necesarios en Primaria; reducción del número de alumnos/as por aula; mejora en la formación del profesorado; aumento de  la carga horaria de Ciencias en la ESO; su obligatoriedad hasta los 16 años, con dos opciones, según las dificultades e intereses del alumnado; sistematización de las   prácticas, con dotación de profesorado en los centros para la realización de desdobles; reestructuración del Bachillerato de Ciencias e Ingeniería, con un mayor peso de las asignaturas científicas en el currículo; introducción de una asignatura científica en los demás Bachilleratos; cambios en los contenidos, más centrados en la realidad y en sus problemas, a escala local, regional y global, proporcionando una imagen más compleja de la Ciencia, con procedimientos, valores, historia, experimentación, reflexión, debate y sus relaciones con sociedad; adopción de Metodologías basadas en la investigación de situaciones problemáticas y, por último, una mayor presencia de la Ciencia en la sociedad.

Propuestas que no recoge el borrador de la Ley Andaluza de Educación, a pesar del esfuerzo mantenido durante el año en el que se celebró el centenario de una de las Teorías que cambiaron nuestra concepción del mundo: la Teoría de la Relatividad.

 

Casimiro Jesús Barbado López